Un teléfono demasiado grande para la mano,
un medicamento inadecuado para tu cuerpo,
accidentes de tráfico en los que tienes un 47 % más de probabilidades de sufrir heridas graves,
horas y horas de trabajo no reconocido, pagado o valorado…
¿te parece familiar?, entonces seguramente eres una mujer.
Argumentos así, contenidos en una cita del libro Invisible woman, de la escritora Caroline Criado, inician el artículo Medically invisible women... de Mercedes Pérez-Fernández y Juan Gérvas, publicado por la asociación Plataforma NoGracias, en el que se cuestiona -una vez más- la ausencia de datos desagregados por sexos en los análisis de las vacunas contra la COVID-19 y sus efectos adversos.
Como ocurre en la vida diaria, en el trabajo, en la familia, en las relaciones sociales, las mujeres son invisibles en el estudio sobre los efectos adversos de las vacunas. Y es así a pesar de que se está constatando una repercusión más fuerte, más letal.
Ahora, justo ahora que los datos son sometidos a escrutinios cada vez más profundos y masivos, quizá es el momento de que por fin se estudie de modo clínicamente comparado qué ocurre con los hombres y qué ocurre con las mujeres.
El artículo publicado en NoGracias explica sencillamente alguna información esclarecedora sobre los efectos de las vacunas anotados hasta ahora.
Comienzan por J&J:
los datos de EEUU recogidos por la Food and Drug Administration (FDA) recopilaban a finales del mes de abril 15 casos de trombos -trastornos de coagulación-, todos en mujeres de 18 a 59 años vacunadas con J&J. De las 15 mujeres, tres fallecieron, siete están hospitalizadas. Los riesgos conocidos de esta vacuna apuntan
- riesgo de coágulos en 1,9 casos por 1 millón de personas
- mujeres de 18 a 49 años: 7 casos por 1 millón
- mujeres mayores de 50 años: 0,9 casos por 1 millón
En nuestro continente, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha indicado que el prospecto de esta vacuna debe advertir sobre la posibilidad de sufrir coágulos sanguíneos. Pero no se habla de las mujeres europeas ni se aporta dato alguno. Invisibles.
En cuanto a la vacuna fabricada por AstraZeneca, los autores indican que a principios de abril había documentados ya 222 casos adversos, pero la EMA no desagrega esos casos por sexos, dicen que no se dispone de información relevante suficiente en la Unión Europea. Sus mensajes se centran en difundir los riesgos en el contexto del gran beneficio que proporciona la vacuna.
Así que Pérez-Fernández y Gérvas nuevamente indican que la mujer es invisible, también en Europa. Aunque no se conforman y buscan información fuera de la EMA, para encontrar que:
- en Austria y Alemania se han documentado 11 casos adversos, de los que 9 eran mujeres (fallecieron 6)
- en Noruega hubo 5 casos, de los que 4 eran mujeres (fallecieron 3)
- en Reino Unido se registraron 209 personas con efectos adversos. Más de la mitad -120- mujeres. Fallecieron 24 mujeres y 17 hombres
¿Qué razones pueden llevar a esta mayor afección sobre las mujeres?. Indican autora y autor que las mujeres han sido vacunadas más y antes por pertenecer a sectores de especial riesgo (sectores de la salud, del ciudado, sanitarias). Quizá ese factor tenga cierta influencia, pero no se puede saber hasta qué punto si los grandes organismos que regulan el uso y comercialización de las vacunas no desglosan por sexo las alteraciones sobre la coagulación sanguínea, even though the problem predominantly affects women, in terms of frequency and lethality (“aunque el problema afecta predominantemente a las mujeres, en términos de frecuencia y letalidad”).


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